A imitación del Dante, que erigiera a Virgilio en maestro di color che sanno («maestro de los que saben»), por la profunda intuición de sus escritos, Parini llamó a Voltaire maestro di coloro che credon di sapere («maestro de los que se creen que saben»).
No en vano fue éste último el más caracterizado paladín de la Ilustración y de la tendencia de la razón ilustrada y científica a entrar, como un elefante en una cristalería, en todos y cada uno de los ámbitos del mundo y de la vida. En esa onda parece venir ahora el eminente científico Stephen Hawking, que afirma nada menos que la ciencia no deja espacio para Dios; esto es, ¿la ciencia, como la atmósfera que nos envuelve, lo cubre todo y llena hasta el más hondo recoveco? Por las cosas que dice este señor de «superhumanos», profesión de ideología socialista y demás, yo pienso que, si no es así, debería serlo, o eso querría él.
Yo no sé ni la mínima parte de ciencia que este señor, pero me permitiría decirle, si alcanzase a leerme, que demuestra muy pocas luces. Con su compatriota Hobbes, le recordaría que «negando la existencia de Dios, el hombre podrá sacudirse la libertad, mas no el yugo». Si no, que me explique qué ley, teoría o hipótesis científica garantiza el derecho, no ya a la libertad, a la vida misma, a una persona en su condición física, a la que, por lo demás, él se sobrepone de forma tan admirable.

PD: Traducción de la leyenda de la imagen, un cartel alemán de los años 40 del siglo pasado: «60.000 marcos cuesta este inválido al erario durante toda su vida. ¡Camarada, éste también es tu dinero! Lee Neues Volk, la revista mensual de la Oficina de Política Racial del PNSTA.» (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes.)