Tuve el placer de sostener el otro día una polémica amistosa con Andy y Fernando acerca del pastor de marras que amenazaba con quemar el Corán. Yo convine en que se trataba de una absoluta falta de respeto y de llana y lisa provocación; ahora bien, si el tipo decidiese ponerla en práctica, no creo que la autoridad debiera impedírselo, al igual que no hace nada por imponer respeto o evitar la provocación a otros credos o sensibilidades diversas; salvo, vaya por Dios, al islam, el mayor semillero de terroristas del mundo, quienes pretenden imponérnoslo a sangre y fuego a los infieles.
Y es que, quién lo diría, estos terroristas, y sus promotores y simpatizantes, tienen la piel muy fina, y cualquier cosa les molesta. Nadie dude de que no tendremos que enseñarles dos veces la lección de que, con sus coacciones, son capaces de amedrentarnos. Ahora que parecen haber conseguido que el pastor se eche atrás, la toman con una discoteca de Águilas de Murcia, sólo por llamarse La Meca.
Cedamos en esto, y vayámonos preparando para cuando publiquen su indignación por la exhibición de rostros y cuerpos de mujeres; o con la venta y consumo de alcohol y porcino; o porque en los templos no musulmanes se tome el nombre de Dios en vano; o con Jesús y su madre María —según el Corán—, un profeta del Islam y el ser más puro que haya venido al mundo, respectivamente: así que mucho ojito con labrar sus imágenes, rendirles culto o prodigarles impúdicos gritos de guapo o guapa en la semana santa andaluza. «Un respeto», nos conminará nuestro vecino el ulema, respaldado por una muchedumbre gritona y malcarada. De la sensibilidad, ya se sabe: mientras más atenciones se le deparan, más fina se vuelve.
Mientras tanto, ellos siguen con su proyecto de erigir el monumento a sus mártires suicidas del 11-s. No exactamente en la zona cero, en el punto mismo donde se inmolaron los héroes, porque les habrá sido imposible; mas sí muy, muy cerquita y, oh casualidad, justo donde cayeron restos de uno de los aviones (en la esquina inferior derecha de la imagen, en los números 45 al 51 de la calle Park Place)... Eso sí que es provocar, y además con dos cojones.

